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Estar alegre y tener paciencia

Viajar se ha convertido en un placer obligatorio. Algo que está bien visto hacer cuando no se tiene nada que hacer. Desde el momento en que acabó de dibujarse la carta geográfica del mundo y comenzaron los procesos de colonización y explotación de las tierras descubiertas, hasta nuestros días, en los que una imagen virtual del planeta azul ha sustituido a los mapas, viajar dejó de ser una pasión para convertirse en un  incómodo placer. En resumidas cuentas, y como todo el mundo sabe: el turista mató al viajero, como el video mató a la estrella de la radio. Desde que Stendhal acuñara un estilo de moverse por el mundo, el viajar por el viajar, y lo explicara en sus Mémoires d ’ un touriste (1838), los turistas se han ido convirtiendo, lenta pero tenazmente, en una peste estética y una bendición económica. Al día de hoy, en el pequeño pueblo del Illiers-Combray, existen cuatro establecimientos en donde podemos adquirir las auténticas,  las inimitables, magdal...

El lector salteado (Macedonio Fernández, y un poco de José Val del Omar, sobre las formas de leer y mirar en el siglo XXI)

La idea del “lector salteado” la encontré en el novelista porteño Macedonio Fernández (Buenos Aires 1874-1852). Amigo y maestro de Borges, Fernández entró en un estado de perplejidad y bohemia tras la muerte de su esposa. Este hecho y sus convicciones utópicas le llevan a idear una novela en la que un lector pudiera leer todas las posibilidades a partir de un hecho. Su proyecto es artístico pero tiene una interesante base política. En 1897, con apenas veintidós años, y justo después de defender su tesis doctoral en leyes con un trabajo bajo el  escueto título de Sobre las personas , Macedonio Fernández y un grupo de amigos viajan al alto Paraná, en la frontera entre Paraguay y Argentina, con la intención de fundar una colonia socialista. Entre los de la partida figuraba el padre de Borges, que al final decide no acompañarlos ya que  por esos mismos días va a contraer matrimonio. En un paraje desolado se instala este grupo de “náufragos con chaqué”  —as...

Monólogo del iceberg

Erik se puso estupendo mientras oía los sueños de Glenda a casi diez mil kilómetros de distancia.  Completamente desnudo delante de la venta, miró las luces nocturnas de Las Vegas, se metió una raya y escenificó “El monólogo del iceberg”:          “¿De dónde procede tanto desorden? ¿Por qué cada mañana todo se ha recalificado? ¿Qué torpes taxonomías se imponen a los hielos y mareas? ¿Desde qué fronteras de mi existencia avanzan estos seres alucinados y obsesivos que reclaman lo que creen haber perdido y nunca tuvieron? ¿Por qué creemos merecer aquello que ni en sueños nos atreveríamos a pedir? Me resisto a las escenografías de opereta, pero sé que adoro los pavos reales en el balcón de los palacios de invierno, y también adoro los rituales y los gestos de los imperios mentales y decadentes. Si mi destino no alberga más límite que el infinito, ¿qué más me da el fracaso, la mentira y la infamia? Dudo del sentido de tanta resis...

Dos nuevos sueños de Glenda (Aguaespejo granadino).

 “He soñado con una carretera de agua que ascendía en el aire como un inmenso adn helicoidal. Hacía viento y el agua estaba rizada. Era tan estrecha como puede serlo la más estrecha de las carreteras rurales, por supuesto un solo sentido, sin espacio para maniobrar. Esto me agobiaba un poco y me obligaba a una conducción muy atenta. Tenía el vacío a la derecha y a la izquierda. Los neumáticos del coche se deslizaban por una alfombra de agua ligeramente rizada. Iba sola y el cielo era muy azul. Poco a poco ha ido desapareciendo todo lo que no era asfalto de agua y mi coche: los edificios, los quitamiedos, los árboles. Yo, el coche, la carretera de agua y el vacío azul. Cuando han empezado a formarse olas he cerrado los ojos, he apartado las manos del volante y he cambiado de sueño.”      Frag mento de Agues pejo granadino (1955) de José Val del Omar, al cante Camarón de la Isla , "Si acaso muero". “Desenvuelvo y vuel...