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Mostrando las entradas etiquetadas como Glenda

Dos nuevos sueños de Glenda (Aguaespejo granadino).

 “He soñado con una carretera de agua que ascendía en el aire como un inmenso adn helicoidal. Hacía viento y el agua estaba rizada. Era tan estrecha como puede serlo la más estrecha de las carreteras rurales, por supuesto un solo sentido, sin espacio para maniobrar. Esto me agobiaba un poco y me obligaba a una conducción muy atenta. Tenía el vacío a la derecha y a la izquierda. Los neumáticos del coche se deslizaban por una alfombra de agua ligeramente rizada. Iba sola y el cielo era muy azul. Poco a poco ha ido desapareciendo todo lo que no era asfalto de agua y mi coche: los edificios, los quitamiedos, los árboles. Yo, el coche, la carretera de agua y el vacío azul. Cuando han empezado a formarse olas he cerrado los ojos, he apartado las manos del volante y he cambiado de sueño.”      Frag mento de Agues pejo granadino (1955) de José Val del Omar, al cante Camarón de la Isla , "Si acaso muero". “Desenvuelvo y vuel...

Dos sueños de Glenda Moriarty.

  Desde que trabajaba para el profesor M., Glenda recordaba sus sueños. Se los contaba a Erik, de madrugada, y él encontraba en ellos claves para jugar al blackjack. Y es que Glenda no sabía nada del murmullo de signos en el que se convierte el mundo para un jugador profesional. Para ella el interés de Erik era desinteresado, una prueba de amor o un sustituto de su presencia. Pensaba que compartir sus sueños era trazar un hilo desde Madrid a Los Ángeles, acariciar su imaginación ya que era imposible tocar su cuerpo. La madrugada del 16 de julio de 2012, Erik, en slips, dando sorbos a un ruso blanco, apoyado con el hombro en el ventanal de su habitación en el hotel Wynn, en pleno Strip de Las Vegas, Erik, digo, oyó a Glenda contarle dos sueños desde Madrid:  “He soñado con dos gatas, una azul y otra roja. Eran grandes y bastante peludas, suaves, sospecho. Estaban en la calle y jugaban a pelearse. Bueno, creo que se peleaban, no hacían otra cosa, y el juego ...

Primera aparición de Glenda, primeras noticias del profesor M.

Estimados señores amigos del profesor M.: Me presento. Soy Glenda, la nueva secretaria del profesor M. Antes de caer dormido me hizo prometer que les escribiría un correo comentándole sus palabras, que más que palabras son exabruptos. Yo lo hago, no sé bien para qué. El maestro tomó demasiado desde medio día. Antes de desplomarse en el diván, "con el peso de las dos guerras mundiales, y una civil, caigo en este diván” dijo antes de perder la lucidez,  me encargó que aceptase vuestra invitación para la cena de Navidad. Vino a visitarlo una comisión islandesa de críticos literarios con una botella de mezcal. Aunque el maestro aguanta bastante a sus setenta y dos años, su carácter sanguíneo puede con él. Bastó que uno de los islandeses mencionara a Ruiz Zafón para que el prof. M. agarrara la estrella del árbol de Navidad y se la lanzara a los ojos: “¡¡Mantequilla y sólo mantequilla!!”, les repetía sin saber cómo salir del bucle. Menos mal que apareció su hijo y pudo...

Glenda informa sobre los últimos pasos de M. (Microconferencia número dos).

Tras el infarto, y agobiado por las deudas, M. aceptó la invitación de la multinacional de cruceros de lujo “Seven Seas & New Life” para dar un ciclo de microconferencias a bordo de sus hoteles flotantes. La invitación era generalista e incluía los trayectos nórdicos, caribeños y mediterráneos. M llegó a un acuerdo para participar sólo en los mediterráneos. Comentó con sus allegados diversas posibilidades temáticas para las microconferencias: “El futuro de las monarquías en África”, que a mí me pareció tema exotérico además de inútil; “Hitler en la novela del siglo XXI”, que en opinión de su hijo iba a cerrarle las puertas a futuras invitaciones, y no están las cosas como para ponerse estupendo; o una “Historia abreviada y comentada del onanismo”, que a todos nos chocó pero al final nos pareció de perlas, teniendo en cuenta el tipo de viajeros que uno se encuentra en un crucero de lujo,  o, más bien, el tipo de viajeros que uno imagina haciendo un crucero de lu...