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Glenda informa sobre los últimos pasos de M. (Microconferencia número dos).









Tras el infarto, y agobiado por las deudas, M. aceptó la invitación de la multinacional de cruceros de lujo “Seven Seas & New Life” para dar un ciclo de microconferencias a bordo de sus hoteles flotantes. La invitación era generalista e incluía los trayectos nórdicos, caribeños y mediterráneos. M llegó a un acuerdo para participar sólo en los mediterráneos. Comentó con sus allegados diversas posibilidades temáticas para las microconferencias: “El futuro de las monarquías en África”, que a mí me pareció tema exotérico además de inútil; “Hitler en la novela del siglo XXI”, que en opinión de su hijo iba a cerrarle las puertas a futuras invitaciones, y no están las cosas como para ponerse estupendo; o una “Historia abreviada y comentada del onanismo”, que a todos nos chocó pero al final nos pareció de perlas, teniendo en cuenta el tipo de viajeros que uno se encuentra en un crucero de lujo,  o, más bien, el tipo de viajeros que uno imagina haciendo un crucero de lujo. Yo me masturbé una docena de veces después de mi separación y luego lo olvidé. Lo cierto es que recuerdo aquellos días de sexo solitario con nostalgia y dulzura. M me ha hecho repasar emociones y conflictos no resueltos. Él marchó el viernes pasado a Barcelona para embarcarse el buque “Amsterdam” de bandera panameña,  pero dejó sobre su mesa copias impresas de las microconferencias con un post-it: “Mi querida Glenda: cuando puedas distribuye entre mis conocidos estos nuevos textos idiotas”. Así que aquí transcribo la segunda microconferencia “El onanismo en la Antigüedad I: Grecia o el camino hacia la ligereza”

“La paja en Grecia fue ligera e higiénica. Desprendida de su atormentado fundador, Onán, los griegos supieron poner las cosas en su sitio. Vivieron y pensaron la masturbación desde una triple perspectiva filosófica, económica y médica, que en realidad es la triple perspectiva que debería imponerse en todo asunto humano. Pero empecemos de nuevo por el principio, y al principio siempre están los dioses. El dios de los judíos fulminó a Onán por codicioso. Nada de eso encontramos en la blanca Grecia. Los dioses griegos fulminan pero por capricho. De modo que a veces son generosos también por capricho y así les regalaron a los humanos la técnica del sexo solitario. La historia es así: el dios Hermes, dios complicado y pedagógico, enseñó a masturbarse a su hijo Pan para que superara con ligereza los desplantes de la ninfa Echo. Hermes veía que Pan se ponía raro cada vez que Echo lo despreciaba y como buen padre, aunque fuera dios, quería ahorrarle sufrimientos a quien había visto moverse con torpes movimientos infantiles. Para los griegos Hermes enseñó a Pan una porción de sabiduría: “cómo arreglárselas solo”, y Pan, que además tocaba la flauta, un día quiso compartir las enseñanzas de su padre con los humanos. Eligió a unos pastores que andaban por las forestas en las que él se deleitaba y les enseñó cómo cascársela. ¡Qué diferencia entre estas apariciones griegas de los dioses y el misterio de Fátima! Los pastores quedaron encantados, pues pasaron de la zoofilia al onanismo en un pispás, y  además redimidos de un sin fin de infecciones. Concluyendo, que la masturbación fue un don de los dioses y un remedio higiénico.
En ese punto la masturbación empieza a definirse como materia teórica para la medicina. Existieron en la Grecia Antigua dos escuelas de pensamiento médico a este respecto: los que defendían las bondades de ahorrar el semen, “retentistas”, con Hipócrates a la cabeza, y los que defendían los beneficios de las poluciones voluntarias, “antiretentistas”, con Galeno como líder. Estando así las cosas no es extrañar la aparición de un personaje como Diógenes, un hombre sin pudor, un hombre casi salvaje… pero filósofo. Diógenes no distinguía, o no quería distinguir, lo público de lo privado. Basaba toda su filosofía en la convicción de que nada humano puede provocar vergüenza. De modo que este hombre, este filósofo, se iba al ágora por la tarde, se subía la túnica y empezaba a masajearse delante de toda la peña. Sin duda estaba loco, pero en aquel tiempo respetaban a todo el que argumentaba sus acciones y como Diógenes era  como un padre para los “cínicos”, y como los cínicos sabían argumentar, él se masturbaba en el ágora tarde sí, tarde no, para demostrar que el sexo solitario es la más sensata y honesta de las satisfacciones sexuales”

Por no cansarles paro aquí. Todavía queda un poco sobre Grecia pero es preferible, pienso yo,  que se asienten los conceptos. También hay entre sus papeles una nota sobre María Antonieta que me encargó transmitir. Dice así: “María Antonieta. Tribunal revolucionario de 1793, actúa como acusador el ciudadano Fouquier-Tinville. El acusador llama al estrado al delfín de Francia, de nueve años de edad, para que declare contra su madre. El delfín afirma que su madre, la reina María Antonieta le había enseñado a masturbarse. La revolución empieza mostrar su cara y Grecia empieza a ser una sombra”

Sin más me despido hasta tener nuevas noticias sobre nuestro querido maestro.

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