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Entradas

Un ascensor hacia Lola

Mientras el profesor M ascendía en un elevador ultrarrápido al piso 54 del Grace Building, sintió un leve mareo acompañado de una instantánea pérdida de orina. Se miró la entrepierna y no encontró una mancha delatora. Se tocó  disimuladamente l a entrepiern a , como quien acaricia terciopelo, y encontró la calidez de una humedad invisible. Miró al ascensorista. Un negro musculado y vestido de chófer que acababa de quitar la vista de la bragueta de M y que ahora miraba hacia el suelo negando con la cabeza. Iban por el piso 32. M se abandonó a la desidia. No era una desidia normal, era un spleen mosntruoso, gigantesco, un cansancio que parecía venir de los tiempos en que los dinosaurios pisaban la tierra. Era una oleada descomunal de aburrimiento que había nacido como una pequeña gota de pis y que en pocos pisos, del 32 al 35, en un ascensor ultrarrápido, había inundado el ascensor, todo el Grace Building, Manhattan entera y ya iba por el hemisferio norte. En sí,...

La nada en el siglo XXI

                                                                      Mark Rothko, The Rothko Chapel (1971), Houston, Texas. Dijo “lo que pasa es que no pasa nada” y miró a María de forma oblicua e involuntaria. Sabía que ese tipo de verdades estúpidas y generales le calentaban el ánimo y más cosas. Al menos, hace cinco años, una frase de ese tipo abría un mundo de bares y madrugadas en el que las risas se mezclaban con el ligero roce de los cuerpos. Un mundo intelectual y sensual que daba sentido a la estupidez. Ahora lo que quedaba era la estupidez desnuda: “lo que pasa es que no pasa nada”, ese acontecer de la nada, la nada como diosa del momento, la nada sucediendo, ya n...

Estar alegre y tener paciencia

Viajar se ha convertido en un placer obligatorio. Algo que está bien visto hacer cuando no se tiene nada que hacer. Desde el momento en que acabó de dibujarse la carta geográfica del mundo y comenzaron los procesos de colonización y explotación de las tierras descubiertas, hasta nuestros días, en los que una imagen virtual del planeta azul ha sustituido a los mapas, viajar dejó de ser una pasión para convertirse en un  incómodo placer. En resumidas cuentas, y como todo el mundo sabe: el turista mató al viajero, como el video mató a la estrella de la radio. Desde que Stendhal acuñara un estilo de moverse por el mundo, el viajar por el viajar, y lo explicara en sus Mémoires d ’ un touriste (1838), los turistas se han ido convirtiendo, lenta pero tenazmente, en una peste estética y una bendición económica. Al día de hoy, en el pequeño pueblo del Illiers-Combray, existen cuatro establecimientos en donde podemos adquirir las auténticas,  las inimitables, magdal...

El lector salteado (Macedonio Fernández, y un poco de José Val del Omar, sobre las formas de leer y mirar en el siglo XXI)

La idea del “lector salteado” la encontré en el novelista porteño Macedonio Fernández (Buenos Aires 1874-1852). Amigo y maestro de Borges, Fernández entró en un estado de perplejidad y bohemia tras la muerte de su esposa. Este hecho y sus convicciones utópicas le llevan a idear una novela en la que un lector pudiera leer todas las posibilidades a partir de un hecho. Su proyecto es artístico pero tiene una interesante base política. En 1897, con apenas veintidós años, y justo después de defender su tesis doctoral en leyes con un trabajo bajo el  escueto título de Sobre las personas , Macedonio Fernández y un grupo de amigos viajan al alto Paraná, en la frontera entre Paraguay y Argentina, con la intención de fundar una colonia socialista. Entre los de la partida figuraba el padre de Borges, que al final decide no acompañarlos ya que  por esos mismos días va a contraer matrimonio. En un paraje desolado se instala este grupo de “náufragos con chaqué”  —as...