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ROD AL QUI LAR (página de un diario)

ROD   AL   QUI   LAR Un pequeño mundo para el hombre, algo así es un lugar. Agua, tierra, luz y compañía. También poder estar solo, solo en el sur. El verano de los niños, las cenas con los amigos, la hoguera y los volcanes nocturnos en la playa. Con muy poco un lugar es habitable.  Los dioses del lugar son una mina de oro, un bar con un motero barbudo, Lola y sus pescados para olvidar a las otras lolas, la posidonia y las piedras que parecen de talco junto al mar oscuro de las noches. Más allá, por una ruta psicogeográfica, el escenario de una tragedia en los centros del amor o el suicidio visual al acercarse al Mirador de las Amatistas. Y las torres de los piratas o esa cárcel del desierto de los tártaros que es el Castillo de los Alumbres. El resto es silencio y rituales de verano: piel, agua, viento y músicas por la noche. Los días son largos y lentos, como son largos y lentos los grillos y los camaleones. En verano lle...

Una lectura de Valente (II): La caligrafía de Jesucristo

                                                     Antoni Tàpies, A T amb collage , 2010         Hay una tradición poética que busca el insólito equilibrio entre la racionalidad crítica, que se articula en la palabra, y la revelación poética que se construye, al mismo tiempo, como palabra y como silencio. La revelación es un intelligere incomprehensibiliter , el «entender no entendiendo» propio de la experiencia mística. Desde esa triple dimensión del arte —racionalidad, revelación y expresión bajo forma de palabra o silencio— nace la continua reflexión de Valente sobre las posibilidades y los límites del lenguaje.        ...