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De vulgari eloquentia

                                                                                                   For the God of Love , la estúpida escultura de Damien Hirst (2007) De las maneras vulgares de conocer el mundo, El amor y el dinero asaltan los siglos. Ayer, cuando el individuo era sospecha, No cesaba el delirio áureo de la persona. El cuerpo concreto y el cuerpo social; El interior psíquico y el interior púbico. Penetrar cuerpos, dominar masas. Mirar la bofetada infantil en la cara de Dios Para poder cenar a este lado de la frontera.

Oasis

                                                 Diego Rivera, Fondos congelados , 1931 Oasis La palabra oasis apareció en mi cerebro como una maniobra de aterrizaje de emergencia. Oasis era casi todo lo que había sucedido la noche anterior: el mezcal, las escaleras, un ombligo. Oasis era la dosis necesaria de pulsión para no convertirse en materia comatosa, el disolvente para ir licuándose en cada perspectiva de la ficción. Un Oasis con dátiles y suaves dunas, brisas y caracolas, agua y miel. Un oasis frente de la pantalla ámbar en la madrugada. Hace tres años que vivo fuera del mundo y empiezo a confirmar todas las intuiciones de Katia sobre el aislamiento: los sonidos eslavos son sueños de San Cirilo y San Metodio, un alfabeto para abandonar Occidente. El recuerdo de Europa adelgaza al mismo ritmo que yo engordo. Europa se desvanece...

Mi biblioteca en el baño

En la primera casa que consideré mía instalé una estantería justo encima de la cisterna del retrete. Cuatro baldas con casi todos los géneros: poesía, novela, ensayo, teatro (tragedias y comedias), libros de viajes y autobiografías. Más o menos puedo recordar, con bastante exactitud, los títulos más destacados de ese secuestro libresco destinado a la intimidad de mi cuerpo.  Sé que estaban Los cantos de Maldoror y las poesías completas de Góngora; La montaña mágica y El Guzmán de Alfarache ; los fragmentos de Ese maldito yo de Cioran y El ensayo sobre el cansancio de Peter Handke; cuatro tragedias de Eurípides y Cuatro corazones con freno y marcha atrás de Jardiel; el primer tomo de las memorias de José Luis de Vilallonga y En Patagonia, de mi querido Bruce Chatwin. También había algunos castigos, libros o autores, que no leía en el baño, a los que condenaba a pasar un tiempo de intimidad conmigo, in interiore homine ,  mientras me aseaba o leía sentado ...

Obsolescencia

  Antoni Tàpies, Proyecto de El calcetín (1991) Hacia las 19:30 de la tarde del último sábado del mes de marzo de 2014, Héctor Roma miraba el cielo cubierto mientras tendía la ropa. Tender o no tender, ese era el problema. En realidad no pensaba en el cielo ni en ningún otro horizonte, pensaba en el acto de tender la ropa, en la miseria que envuelve todo acto cotidiano y en la vocación de servir a los demás, de estar atento a sus necesidades y adelantarse a ellas. Pensaba en la felicidad del mayordomo vocacional de otros tiempos. Entre la ropa había calcetines de tres personas: los suyos, los de su mujer y los de su hijo. Tres tipos de rayas, tres tipos de rayaduras. Los de su mujer y su hijo estaban enteros, en los suyos se podían apreciar las mordeduras del tiempo y las caminatas: hilos sueltos, agujeros y tomates. De pronto le vino esta palabra a la cabeza mientras miraba el cielo gris: “tomate”.  Se detuvo en la palabra y era raro pensar en una muje...

ROD AL QUI LAR (página de un diario)

ROD   AL   QUI   LAR Un pequeño mundo para el hombre, algo así es un lugar. Agua, tierra, luz y compañía. También poder estar solo, solo en el sur. El verano de los niños, las cenas con los amigos, la hoguera y los volcanes nocturnos en la playa. Con muy poco un lugar es habitable.  Los dioses del lugar son una mina de oro, un bar con un motero barbudo, Lola y sus pescados para olvidar a las otras lolas, la posidonia y las piedras que parecen de talco junto al mar oscuro de las noches. Más allá, por una ruta psicogeográfica, el escenario de una tragedia en los centros del amor o el suicidio visual al acercarse al Mirador de las Amatistas. Y las torres de los piratas o esa cárcel del desierto de los tártaros que es el Castillo de los Alumbres. El resto es silencio y rituales de verano: piel, agua, viento y músicas por la noche. Los días son largos y lentos, como son largos y lentos los grillos y los camaleones. En verano lle...